Recordar mis primeros viajes en avión siempre me llenan de regocijo, no por la cuestión de viajar durante largas horas en un aparato cerrado y alargado que una vez dentro se asemeja a una lata de sardinas en escabeche, sino por la experiencia de viajar a otros países, visionar otras culturas, contemplar que no sólo existe Colombia en el mundo,que no solo de bandeja paisa vive el hombre. La primera experiencia aeronáutica me llevo a Miami con 8 añitos bonitos años aquellos en los que estudiar era simplemente leer un par de hojas el día antes!, fue un viaje algo movidito. Las turbulencias producidas por la ferocidad del dios Eolo sacudían el avión de United como un barco de papel en el mar. Todos los ejes de movimiento conocidos por la física de un cuerpo poseyeron demonológicamente al avión en cuestión de segundos: arriba,abajo, al centro y pa dentro, atiborrándome a zarandeos y lloros de mi hermano que es menor que yo.
Entre el lloro, los ajetreados movimientos que también poseían a mi hermano, y mi madre preparando con antelación las bolsitas de papel que colocan en los asientos delanteros del avión para una posible evacuación de flujos estomacales, me pusieron también a mi mal, y terminé peor que las maracas de Machín, vomitando toda la porquería que me había comido horas antes en el avión, el síndrome de la resaca se apoyaba en mi hombro sin haber tocado en mi vida el alcohol, ni ninguna sustancia alucinógena o de alegría momentánea. Tras recuperarme días posteriores de mi aflicción, pude disfrutar de esa ciudad tan cosmopolita y de lujo marbellí americano. La vuelta de mis vacaciones no resultó tan fatídica, mi madre previsora como nadie, compró una pastilla para el mareo, al poco tiempo de haberlas tomado mi hermano y yo caímos abatidos en las incómodas butacas del avión, nos sedó con una pastilla semejante al cloroformo para caballos, no había dormido tanto en toda mi vida.
Tras estos viajes tan moviditos, se han sucedido otros en los cuales he aprendido bastante sobre otras culturas y religiones. La salas de espera de los aeropuertos son una "polis" en sí, gente de diversas nacionalidades esperan un mismo avión, no compartiendo el factor destino, debido a los molestos trasbordos que a veces hay que hacer para llegar a tu destino.Siempre he pensado que un aeropuerto es como la vida misma, unos vienen y otros se van, volando(valga la redundancia) por caminos distintos en los cuáles no sabes cómo va a comenzar, ni como va a terminar la historia.
Yo,sentada en una de esas sillas impersonales de los aeropuertos contemplo a la gente y el aburrimiento de la espera hace el resto, comienzan entonces las preguntas tontas ¿ A dónde irá toda esa familia que está sentada en frente de mi?¿Me tocará ventana o el dichoso puesto del centro?, ehhh ese chico lleva una bandera de Colombia en su maleta ¿ hablará español?¿Compartiremos el mismo avión? cosas absurdas.
Ya una vez introducidos y colocados como niños en nuestros respectivos asientos comienzan las oraciones a todos los santos conocidos y por conocer , comienza el temor de ¿ Y si falla un motor? ¿ Y si por casualidad en mitad del despegue se cruza un pajaro por la trayectoria recta del avión?, no les voy a negar que sea una angustias, pero el miedo te prepara para una posible actuación rápida, una vez en el cielo los miedos y tensiones desaparecen, sólo estas tú y las 120 personas más que van contigo navegando por un mar de nubes. Enciendo mi I-pod, suena Camarón de la Isla ¡ volando voy, volando vengo.., por el camiiiino yo me entretengo..! Un saludo.
8.10.09
5.9.09
El Encanto de Volar...



Podría decirse que, a partir del momento en que descubrí
ciertas facetas de mi personalidad que desde niña me habían
sido imperceptibles, siempre he considerado que mi peor defecto
es el egoísmo, lo cual convertiría mi profesión en una
curiosa y absoluta ironía, ya que durante los últimos dos
años de mi vida me he dedicado básicamente a servir a otros.
Y debería subrayar con énfasis que no ha sido una cantidad
nada desdeñable: varias decenas de miles de pasajeros en cientos
de vuelos internacionales. Pero aunque la mayoría de la
gente común sospeche que la finalidad de la tripulación de un
avión es la de servir comidas y bebidas, en realidad estarían
incurriendo en un error de juicio causado por una evaluación
superficial y hecha a la ligera. Y es que habría que recalcar, entonces,
que la misión primordial de los tripulantes de cabina,
objetivo para el cual estamos altamente entrenados y preparados,
es la de mantener el orden y el control en caso de cualquier
eventualidad que ponga en situación de riesgo al vuelo,
la nave y/o a los pasajeros. Aún así, debo reconocer que dado
el elevadísimo nivel de seguridad que tienen los vuelos hoy en
día, debido a las rigurosas inspecciones técnicas y exámenes
de control a los cuales se someten las aeronaves y el personal,
finalmente nuestras competencias suelen terminar encajando
en la categoría del servicio y el confort, cuales (relativamente
involuntarios) camareros de los restaurantes del cielo.
Debo admitir que al empezar a trabajar como auxiliar de
vuelo me vi en la obligación de transformar mi carácter por
completo. Para dedicarse a esta profesión uno tiene que mostrar
una gran vocación de servicio y mucha afabilidad para
lidiar con los pasajeros, quienes son la razón de ser de nuestra
existencia a bordo de un avión. Pero cuando comencé a volar
con mi primera aerolínea, yo tenía una forma de ser muy
distinta a la que debería poseer el prototipo ideal de azafata.
Creo que las raíces de este problema se pueden encontrar en
mi infancia.
Nací en el seno de una familia que es economicamente muy pudiente.mi padre es Ingeniero Aeroespacial al igual que mi madre.
Cuando cumplí los 13 años, mi padre me pregunto que queria estudiar al finalizar mis estudios secundarios y muy segura le respondi -quisiera ser azafata y volar por todo el mundo-.
Mi madre, nos crió a
mi hermanito menor,Santiago(17 años) y a mí en una casa que tenemos al sur de Medellin,colombia.Desde
que tengo memoria fuimos tratados como zares. Ella y mi
abuela se aseguraron de facilitarnos en todo momento cualquier
cosa que nos hiciera falta. Nunca tuve que hacer nada
por mí misma ya que habian mucamas que nos atendian todo el dia y por eso empecé a dar este tipo de trato por
sentado. Supuse que así era como debían ser las cosas dado
que mi realidad siempre había sido esa. Estoy convencida de que
fue esta crianza la que dio cabida al surgimiento arraigado
del egoísmo en mi personalidad. Algo contra lo cual he tenido
que luchar intensamente si es que tenía la pretensión de
mantenerme en esta profesión y de llevarla con más facilidad.
Me era completamente inimaginable que otras personas pudieran
tener necesidades tan importantes como las mías, o
más incluso. Pero si bien con el paso de los años, poco a poco
empecé a descubrir y a identificar mis defectos como tales,muchas verdades me golpearon súbitamente y no tuve
mayor opción que la de asumir un cúmulo de lecciones
vitales de un modo profundo e intensivo. Cuando la vida
te enfrenta a una situación tan relevante,creo que es imposible que dicha experiencia
no te cambie de algún modo, haciéndote reflexionar
sobre cosas que nunca pasaron por tu cabeza y arrojando luz
nueva sobre todo lo que existe a tu alrededor y en tu interior,
permitiéndote ver las cosas con ojos distintos.
Fue así que, ya desempeñándome como auxiliar de vuelo,
decidí mejorar mi calidad humana y profesional. Empecé a
anteponer las necesidades de otros por encima de las mías
convirtiéndome a veces en una persona excesivamente complaciente,
para lo cual, hoy en día, voy procurando encontrar
un equilibrio más armónico sin llegar a desbordarme en
ninguno de los dos extremos. También, viviendo sola y lejos
de casa, aprendí a animarme y a sacarme a mí misma de mis
estados tristes y melancólicos. Aprendí a no dejarme derrotar
por las adversidades cotidianas y conseguí ser una persona
más serena y ecuánime, algo muy valioso trabajando en este
oficio. Aprendí a no darle demasiada atención a todo aquello que
no lo merece, y también a resolver mis problemas en lugar
de permitir que me abrumen poniéndome nerviosa o de mal
humor, lo cual me sirvió muchísimo para lidiar con los pasajeros
más complicados y con los avatares de la vida en cabina.
Descubrí mi lado femenino. Dejé de esconderme. En general
decidí convertirme en una mejor persona y, de algún modo,
creo que en retribución empecé a ser más feliz, a desempeñarme
mejor en el trabajo, y consecuentemente a sentirme más
plena y satisfecha con todo a mí alrededor.
A principios del 2007, dejé mi vida en la ciudad de Medellin (Colombia)donde
vivía y con veintidos años y me trasladé a la Ciudad de Buenos Aires,Argentina donde actualmente recido en un piso de la Av.Pueyrredon,en Barrio Norte para empezar una nueva aventura trabajando en
la línea aérea mas grande de Estados Unidos (American Airlines). Gracias a esta profesión he llegado
a recorrer casi la totalidad del mundo. He conocido cuatro
continentes y decenas de ciudades alrededor del globo, como
Shangai, Bangkok, Hong Kong, Singapur, Sydney, Londres,
París, Milán, Frankfurt, Khartoum, Entebbe, Dar es Salaam,
Nairobi, Johannesburgo, Estambul, El Cairo, Doha, Riyadh,
Casablanca, Beirut, Damasco, Teherán, Bombay, Nueva Delhi,
Karachi, entre muchas otras. Un sueño que jamás había
imaginado siquiera y que probablemente nunca hubiera conseguido
de haberme quedado en mi país.
El caso es que a pesar de que muchos crean que durante
su carrera como azafata de vuelo una debe haber llegado
a experimentar las más aterradoras, aberrantes y excitantes
aventuras que puedan concebirse viajando a miles de metros
de altura, tendré que decepcionar a varios confirmando que
la mayoría de esas circunstancias no las suele ver casi nadie en
todos sus años profesionales, y que son acontecimientos que
pertenecen más al ámbito cinematográfico que al de la vida
real, aunque no se pueda negar que muchos de esos relatos que
vemos en las películas de acción realmente hayan sucedido en
la historia de la aviación. En mi caso, yo no podré narrar aquí
las tribulaciones de un aterrizaje forzoso por fallos mecánicas,
o la histeria vivida durante un tenso y largo secuestro a manos
de terroristas, ni la salvación milagrosa ante una precipitada
caída en alta mar por inclemencias de la naturaleza. Quizá lo
más insólito y anormal que me ha sucedido en los años que
he pasado trabajando en el aire hayan sido dos situaciones que me enfrentaron a la muerte. No la mía propia, ni la de los
ocupantes del avión entero, pero si la de un par de individuos
que estaban a bordo de dos vuelos que tuve bajo mi turno.
Ximena
12.8.09
asi funciona el trafico aéreo mundial
Rutina Inalambrica

Ando por la vida con dos teléfonos. Uno para las cuestiones urgentes, otro para las que pueden esperar. Al primero, lo llevo colgado al cuello con un discretísimo cordón negro, el otro se pierde por momentos en mi cartera o bien queda prendido en alguna de de las correas de mi equipaje urbano. Debo admitir que no me muevo sin ellos, (lo que no significa que siempre este dispuesta a atenderlos).El diseño no fue un dato menor a la hora de elegirlos: belleza y prestaciones, estética y funcionalidad. Me gustan pequeños, netos, delicados, chatos, negros o plateados, siempre, siempre en vibración, detesto que suenen. No uso bijou, solo perfume y tecnología.Hace una semana tuve que desprenderme de ambos dos de manera simultánea y por un par de horas, por trámites técnicos, era necesario clonar los datos entre ambas líneas. Toda una experiencia: nunca más cerca de un ataque de pánico.
Casi obsesiva, buscaba y rebuscaba algo entre mis pertenencias, prendas y bolsillos sin saber qué. Una creciente sensación de aislamiento y fragilidad comenzó a invadirme. Me sentí extrañamente pérdida, anónima y vulnerable en la gran ciudad. Al flamante goce de sentirme inhallable para cualquier requerimiento le siguió un vertiginoso desasosiego.Mis rutinas diarias son estrictas. Me levanto temprano. A las seis suena la alarma de mi pequeña radio digital. Me lavo la cara y desconecto la PC. Laptop en mano me traslado por la casa. Desayuno liviano consultando en los portales de noticias. Antes de ver los diarios me informo acerca de lo que pasó en la madrugada. Puedo tirarme en un sillón, instalarme en la mesa o regresar a la cama, todos los ambientes estan wi fi. Bajo mails, traslado material sensible a la carpeta del día y distribuyo en diferido las tareas del día a mis asistentes más virtuales.La notebook me acompaña durante el día.la consulto todo el tiempo. No habilito el MSN mientras estoy trabajando o conduciendo para evitar desconcentrarme pero juro que la tentación es grande.No falta mucho para que claudique y ponga a prueba mi disciplina personal.Si necesito comunicarme en privado durante un vuelo uso el SMS. Escribo muy rápido y solo con el pulgar. Puedo hacerlo casi sin mirar y aun chatear largo rato, si se da, desde mi celular. Demás esta decirlo estoy a un paso de la adicción.Cuando busco relajarme salgo a correr con el i-pod escuchando a simply red o al culture club, conforme pinte el día.En la universidad sigo escribiendo con una maravillosa pluma cargada con tinta negra, un goce al que me cuesta renunciar, mientras navego entre nota y nota buscando chequear la última data. Me gusta dejar correr la lapicera sobre un buen papel, pero también me deleita escribir sobre la pantalla de mi palm con el lápiz óptico. Manejo el alfabeto digital con una soltura maravillosa. Pequeños placeres de la vida cotidiana.Debo reconocer que la incorporación de las nuevas tecnologías de la comunicación a la vida cotidiana me genera pasiones encontradas, voy del amor al odio sin solución de continuidad. Pero, a decir verdad, siempre me gana el deslumbramiento.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)











